Tuesday, July 25, 2017

PASEANDO POR CAMERÚN

Cuatro ingenieros llegábamos un viernes por la tarde a Barajas, nerviosos por viajar juntos en nuestra primera vez a África. Teníamos alta incertidumbre en cómo se iba a desarrollar el tema. Lo único que estaba bien claro es que íbamos a dar cursos de formación sobre energías renovables e instalaciones eléctricas en un lugar llamado Kumbo, a gente bastante mayor que nosotros, en otro idioma y en otra cultura. 

Conforme íbamos pasando por las distintas etapas de nuestro viaje algunas de nuestras preguntas se iban resolviendo. El cómo serán físicamente, tuvo respuesta rápidamente, al coger el vuelo de Casablanca- Duala y verles a todos encajonados en los pequeños asientos del avión. Ahí pudimos comprobar que toda la raza negra era por los menos dos veces más grande que la nuestra. Esto sólo hizo que nuestra emoción comenzase y que la melodía de las risas que nos iba a acompañar durante todo nuestro viaje comenzase a sonar.

Llegamos a Duala a las 5:00 de la mañana, recibiéndonos una ola de bochorno y una noche tan cerrada que surgieron grandes dificultades en distinguir a nuestro conductor. La única información que teníamos de Bruno era “Es Superman, con él estaréis más protegidos que en una cuna”, así que una vez con él nos sentimos sanos y salvos y pusimos rumbo a Widikum, al hospital de Saint Joseph.

Las 11 horas que estuvimos en el coche nos hacían preguntarnos si realmente, la tan deliciosa tortilla de patata que nos esperaba de Sor Antonia merecía la pena. Nuestra tez blanca hacía que fuésemos el coche más atractivo para cualquier control policial, nuestro pasaporte nunca había sido tan observado.

Pero tantas horas dan para mirar mucho. Taladrábamos todo por lo que pasábamos con nuestros ojos. Camerún nos enganchó sólo con poder contemplarlo a través de la ventanilla de una pickup. No se sabe si fue esa tierra roja, esas casas de adobe con paja o de costeros con chapa si eran lujosas, esa manera de conducir tan caótica, esos socavones tapados con plantas en la carretera o esa gente que aún desde la lejanía de su porche parecía tener tiempo de mirarte y saludarte.


Así llegamos a Widikum, asquerosos, demacrados y piando por una ducha -24 horas de viaje con un buen calor y sin un baño no daban pie a mucha higiene-. El hospital que tenían las hermanas fue un oasis. Una casita impecable con nuestras camas hechas, una ducha y sobretodo, una sonrisa de acogida que hizo que tuviésemos la sensación de que ése llevaba siendo nuestro hogar desde hace mucho tiempo. 

Tras una preciada hora de aseo personal pudimos parar a contemplar el entorno idílico que nos rodeaba. Las montañas abruptas decoradas con bosques espesos de plataneras, palmeras y lianas hacían que pareciese que nos habíamos metido en medio del rodaje de una peli de ciencia ficción. Poco a poco fue cayendo la noche, para dar paso a un cielo plagado de estrellas, mirándolo, sólo pedíamos por favor, que consiguiésemos llevar a cabo dignamente nuestra misión, que consiguiésemos aportar nuestro pequeño granito de arena a este enorme país. Y de esta forma, cerramos nuestro primer día en tierras africanas.



Al día siguiente pusimos rumbo a Kumbo tras una misa de dos horas que en algún momento de su ceremonia se parecía más a una fiesta que a otra cosa y tras nuestra primera aportación como ingenieros revisando una instalación de placas fotovoltaicas. La adrenalina nos subió por el cuerpo sólo con poder tocar cables. 

Kumbo es la región del Noroeste de Camerún, el paisaje se asemeja bastante a Asturias, pero con grandes cascadas y montañas. Las vacas varían ligeramente, ya que tienen unos cuernos como los de los búfalos y unas jorobas que nada tienen que envidiar a la de los camellos. 
La granja donde dábamos el curso estaba separada 10 km de la ciudad por una pista/barrizal que hacía que el coche se convirtiese en un parque de atracciones ambulante. Ahí nos recibió el equipo de Shumas con los brazos abiertos, nuestro grupito de 16 estudiantes que la mayoría de nosotros todos éstos nos doblaban la edad, y un frío que cualquiera hubiese dicho que estábamos por Escocia. 

Nos llevaron a nuestras habitaciones, cuyo principal elemento decorativo eran las arañas por las esquinas. El único pensamiento que se nos pasó cuando nos metíamos en la cama esa noche era “quién demonios me ha mandado aquí, con lo bien que estaría pasando mis vacaciones en la playita” Pero a la mañana siguiente, todo empezó a cobrar sentido. 


La ilusión de los estudiantes y sus preguntas respondía poco a poco nuestra vocación de ingenieros. Ninguno de los alumnos tenía acceso a la electricidad en sus “comunidades”. Las comunidades, como lo llaman ellos, son pueblos de 1000 o 1500 personas. Ellos habían sido los elegidos para formarse y poder llevar a su vuelta, un proyecto de electrificación bajo el brazo. Saber que nosotros seríamos capaces de cambiar esa situación hizo que experimentásemos el sentido que tenía nuestra carrera de ingeniería, que por fin consiguiésemos cumplir el sueño de mejorar tangiblemente la calidad de vida de las personas.

Nuestros compañeros de mesa nos comentaban que cada día les parecía mejor que el anterior, ver una turbina hidráulica o medir la tensión de unas placas fotovoltaicas les hacía comprobar que su ilusión de llevar la luz a su hogar era algo que podía ser real. Creo que nunca un profesor podrá sentirse tan realizado como nos sentimos nosotros con ellos. Se quedaban a estudiar en los descansos, en las comidas nos preguntaban dudas. La agilidad de pensamiento que tenían era espectacular, habían conocido la ley de Ohm el día anterior y ya sabían diseñar una instalación eléctrica.

Así, sin pausa pero sin prisa, con el ritmo característico de este país marcado por una puntualidad de más menos dos horas, nuestro curso de formación llegó a su fin. Nunca se dio más en tan poco, hidráulica, eólica, fotovoltaica, biogás, instalaciones y cuadros eléctricos… En esa convivencia respondimos a la pregunta de cómo serán humanamente. Dando nos cuenta de la grandeza espiritual que existía en sus corazones, la inteligencia natural y la ilusión con la que llenaban cualquier actividad. 

En la última noche, pudimos todos pararnos a reflexionar y a compartir. Creo que la palabra gracias pintaba las paredes de la sala. En nuestras cabezas resonaba la letra de Luis Guitarra, “Sois la luz que tiene que alumbrar”, preguntándonos, ¿realmente habremos conseguido alumbrar una región más del mundo?

Y así volvimos a emprender nuestro viaje de regreso a Madrid. Con 16 horas de coche, 7 de vuelo y unas cuantas más de escala, pero con un equipo formado por gente diferente. Habíamos evolucionado de compañeros de trabajo a compañeros de proyectos de vida. Creo a cada uno de nosotros cuatro se nos planteó un buen coctel de emociones al llegar a nuestra ciudad. 

Parecía extraño la luz de las farolas, el casco en las motos, el camión de la basura, el asfalto y el olor de gente aseada por el metro. Pero lo que, sin lugar a dudas, se hacía más extraño era el ritmo desenfrenado de la gente por las calles. Faltaba esa tranquilidad que habíamos experimentado, que permite tener ojos que no sólo ven, sino que miran a los demás.




Monday, May 23, 2016

Gus en Nyumbani (parte III y final)

Faltaba por publicar la 3ª de las entradas de Gus sobre su experiencia en Kenia. Descubrir y amar el país es importante para entender y ayudar a sus gentes.

Finalizada nuestra estancia en el poblado, realizamos un viaje de tres semanas por diferentes sitios de Kenia. Primeramente decir que en ningún momento hubo sensación de peligro. Eso sí, siempre hay que saber donde se está, y como tratar a los borrachos o a los que vienen a pedirte dinero insistentemente. El único episodio triste lo protagonizó una compañera cuando le afanaron el teléfono en un autobús de Nairobi. Pero claro, eso es algo que te puede pasar también en Madrid o en cualquier otro lugar del mundo. Es cierto que tampoco fuimos a zonas de conflicto, como la frontera con Sudan del Sur o con Somalia, pero de esta última estuvimos muy cerca, en Lamu, y resulto ser la antítesis del peligro. Muchas guías de viajes desaconsejaban ir tan cerca de Somalia, pero tras consultarlo con mucha gente nos decidimos a ir. Y menos mal, ya que su belleza es de obligada parada.

Nuestros viajes nos llevaron a dos safaris (Tsavo y Masai Mara), a las playas del este (Mombasa, Lamu) y al lago Victoria al Oeste. Entre medias, pudimos contemplar otros parques nacionales fantásticos, como el Hells Gate (en él se inspiraron los escenarios de El Rey León), o las inmensas plantaciones de Té de Kericho (Kenia es el tercer productor mundial de este producto).

Recomendaciones para el que vaya a realizar un viaje por la zona:

- Que los safaris son muy recomendables y no es de recibo abandonar África sin hacer uno, si bien es cierto que es la parte más cara del viaje. Además, si se puede elegir, váyase a los safaris menos masificados, ya que Masai Mara, pese a la migración de los ñus, es estremecedor por el impacto que tienen la infinidad de coches en el libre albedrío de la vida salvaje.



- Que las playas paradisíacas del océano índico son un MUST, que le aplican el toque de vacaciones de verano a la aventura. Y en concreto la isla de Lamu, con sus llamadas al rezo, sus edificios de coral y sus barcos característicos.

- Que el lago Victoria, con sus islas y sus hipopótamos, es otra parada obligatoria. Es el lago más grande de África, y Kenia posee solamente una minúscula parte de él. A nosotros nos encantó lo poco que vimos, de manera que no me quiero ni imaginar la cantidad de sitios bonitos que tiene.


No voy a cerrar con el típico “ha sido una experiencia alucinante”, pues ya lo podéis discernir de mis escritos, de modo que simplemente quiero recomendar Kenia, tanto por su belleza como por la felicidad de sus gentes.

Wednesday, February 10, 2016

Gus en Nyumbani (parte II)


Lo verdaderamente interesante de todo esto es que cada día era una aventura. Ya fuera debido al trabajo (hoy toca soldar tubos de hierro para crear el prototipo del soporte del panel), a algún acontecimiento importante (hoy viene la familia patrocinadora del instituto de la aldea… en helicóptero! Y van a aterrizar en medio de un campo de fútbol!) o a la simple vida cotidiana en la aldea (hoy toca discusión con los policías durante la cena a cerca de creacionismo/evolucionismo, porque son creacionistas convencidos), despertarse cada día era fácil, por la ilusión que despertaban dichas aventuras.

Los miércoles eran días especiales. Y no por nada que sucediese dentro de la aldea, sino porque era el día que los voluntarios nos habíamos auto-impuesto, junto con un día del fin de semana, para ir al poblado cercano (Kwa-Vonza) y comer un pollo con patatas, junto a un par de cervezas. Esto puede sonar bastante normal, pero cuando la dieta diaria consiste básicamente en judías, arroz y maíz, se convierte en un acontecimiento anhelado. Además, cogimos la costumbre de ir andando (y alguna vez corriendo), y resultó ser un paseo de dos horas enternecedor, tanto por los paisajes como por la gente que nos íbamos encontrando y que no pertenecía a la aldea. Dichos personajes nos saludaban afablemente al grito de “Muzungu!”, para chocar la mano de todos y cada uno de nosotros.


El cielo es algo que se merece un párrafo aparte. Tanto de día como de noche, el cielo africano es maravilloso. Los amaneceres eran demasiado pronto como para ser observados. Los atardeceres no obstante sí que tenían lugar a una hora más apropiada, que nos permitía disfrutarlos de principio a fin. No obstante, el atardecer más fantástico de todos lo contemplaríamos más adelante en el Masai Mara. El típico atardecer de película, cuya belleza las fotos no son capaces de inmortalizar.


Los africanos nunca serán alemanes. Y me refiero con esto a su eficiencia. El famoso “Pole-Pole”, que viene a significar “despacito, sin prisa”, era utilizado como estandarte cada vez que tratabas de agilizar algún proceso. Tareas que normalmente nos habrían llevado en occidente veinte minutos podrían estancar a un keniata durante horas. Asimismo, si decías de quedar a una hora determinada tenías que estar saber que el primero se presentaría dos horas después, y el último no llegaría jamás.
Pero los alemanes tampoco serán nunca africanos. Las carcajadas y los choques de manos con los que te recibían a primera hora del día no los recibirás jamás en una oficina de Occidente. Trabajar se hacía muy llevadero, debido precisamente a que siempre había un ambiente distendido, casi de broma, y sin prisa. Esto no quiere decir que no se trabajara en serio, ni a tiempo; simplemente los plazos de entrega eran más relajados, y la vida, más feliz.

Otra cosa a comentar es que el orfanato existe para acoger a la gran cantidad de huérfanos cuyos padres han muerto principalmente a causa del VIH. Como todos sabemos, en muchas zonas de áfrica ésta enfermedad ha causado estragos y prácticamente eliminado generaciones enteras. No obstante, únicamente menos del 10% de los niños del poblado son portadores de ese virus. Hoy en día, gracias a los retrovirales, es posible llevar una vida digna, exactamente igual a la de una persona sana, hasta la vejez. He de reconocer que al principio, principalmente por desconocimiento, se tiene un poco de miedo. Pero he aprendido mucho a cerca de la enfermedad, de la cual hay que derribar muchos mitos y perjuicios.


Por último, he de añadir que en el poblado también había hueco para una fiesta de vez en cuando. Eso sí, con música africana, bailando alrededor de una hoguera, y bebiendo Karubu, un licor hecho a base de miel que se fabrica artesanalmente. 


Wednesday, February 3, 2016

Gus en Nyumbani (parte I)

(Esta entrada y las siguientes han sido escritas por Alvaro Guzmán Zotes Orcajo - Gus)

Hola! Primeramente quisiera decir que todo lo que en este blog está escrito recoge mis impresiones personales de un lugar muy concreto de África. Esto no es extrapolable a todo el continente, pese a que reiteradamente me refiera a los locales con el término “africano”, y para nada es representativo de la impresión que otras personas puedan llevarse de experiencias similares. Vamos, que no es mi culpa si mi blog te motiva para ir a África y luego no lo encuentras de tu agrado o similar a lo que se refleja en mis palabras :P. Pero que este sitio es alucinante, es un hecho!

Me llamo Álvaro Guzmán Zotes Orcajo, pero me presento siempre como "Gus". Esto era así hasta que recibí mi primer nombre Kamba. Lo cierto es que, de alguna manera, me lo adjudiqué yo mismo, mientras trataba de explicar a un grupo de niños del orfanato lo que significaba Gus. Ellos no entendían que un nombre no significase nada y que fuera simplemente eso, un nombre. Tras comprender que necesitaban un significado, les comenté que era la primera parte de la palabra "gusano". A través del universal lenguaje de los signos conseguí que me lo tradujeran a "Kono Kono", que más tarde averiguaría se corresponde con caracol.  

Pues, Kono Kono o sin él, ahí estaba yo, en África. En concreto, en una zona rural de la provincia de Kitui, Kenia. La zona está habitada por la tribu/comunidad de los Kamba, que tras aprender su lengua materna, estudian además Swahili e Inglés. El paisaje es semiárido y la tierra roja, de esa que se te pega en los calcetines blancos. Muchos pares de calcetines blancos jamás volvieron a serlo. Ahí se quedaron, donde nunca volverán a conocer lavadora. De hecho no sé si saldría en una lavadora, pero a mano no salía. Porque sí, lavábamos a mano. Yo que pensé que ya lo sabía todo de las labores del hogar, después de mi Erasmus en Alemania cuando puse mi primera lavadora. Pero no fue lo único que aprendí y que me he traído de vuelta.

Todo fue genial desde el momento en el que, allá por diciembre de 2014, me decidí a aplicar a los voluntariados de verano de Comillas Solidaria. Obviamente, estaba afectado por la fiebre ICAI de primero de máster, la cual dice algo así como "he de empezar a hacer algo con mi vida, conseguirme unas buenas prácticas de verano con las que empezar a hacer currículum y si tengo suerte me pagarán 500 euros que me durarán un viaje y medio en agosto".  Pero he de decir que, desde el momento en el que supe que estaba aceptado, en enero de 2015, dejé de buscar otras cosas, pues sabía que no encontraría mejor plan de verano. Y así fue.


Dos meses estuvimos trabajando en el orfanato "Nyumbani Village". Y tiene la palabra "pueblo" en el nombre pues en efecto lo era. Acogía a mil niños, distribuidos en veintiséis grupos de cuatro casas, cada una con unos diez, y un abuelo o abuela que vivía con ellos. El pueblo disponía de todas las características propias de un pueblo: muchos campos de fútbol, de todos los tamaños y formas, con porterías, también de todas las formas; una tienda en la que comprar frutas, verduras, huevos y muchas chucherías; un edificio inmenso que hacía las veces de iglesia, sala de conferencias y cine; una clínica súper moderna para la zona en la cual te diagnosticaban rápidamente si lo que tenías eran lombrices o amebas, o ambas; un sistema de bombeo de agua que utilizaba la energía sobrante generada por un huerto solar para subir agua colina arriba, y así disponer de ella a casi todas horas;  y una comisaría, con cuatro policías, los cuales no tenían demasiado trabajo debido a la escasez de crímenes, y que acabaron siendo grandes amigos nuestros.

Mi labor, en concreto, fue colaborar con el proyecto "Nyumbani II". Dicho proyecto pretende dotar de luz las casas en las cuales viven los niños y los trabajadores, ya que las oficinas y las casas de voluntarios ya disponían de ella. Este proyecto ha sido liderado por Energía sin Fronteras, y ha contado también con el apoyo de la Fundación Ingenieros de ICAI para el Desarrollo. Tuve que recorrer el poblado de arriba abajo, realizando planos de las casas, ya que, si bien los arquitectos habían dejado planos originales de las construcciones, los propios constructores no habían sido totalmente fieles a ellos. Además, tuve que medir la distancia entre las casas para estimar el cable que necesitaría el proyecto. Más tarde ideé la distribución, tanto interior como exterior, que tendrían dichos cables, así como las posiciones de los sistemas fotovoltáicos y de las baterías. Me alegra decir que ya a diciembre del 2015 el proyecto está prácticamente terminado, con muchas de las casas iluminadas, asegurando este nuevo derecho universal que es la energía a esta población. 

(continuará...)

Wednesday, November 25, 2015

Volar sin alas

Esta entrada ha sido escrita por Ramón Almansa Patrono de la Fundación Ingenieros de ICAI para el Desarrollo y  Responsable del área de cooperación de Entreculturas y la expuso en la mesa de tecnoética en el VII Congreso de Ingenieros de ICAI.


Don Carlos Escalante es un hombre reseco por el sol de Somotillo. En pie, estático como un árbol, con su sombrero ahormado, va relatando parsimoniosamente ante los chicos, los padres, las madres, los maestros y maestras y ante un grupito de invitados, entre los que me encuentro, el nacimiento del "IBRA (Instituto Básico Rural Agrario) - Juanita Petrik".
Cuando empieza su relato se oyen los gallos que se desgañitan a gritar. Litúrgicamente va reviviendo los primeros momentos de este centro, la semilla inicial.
Don Carlos habla con infinito cariño y admiración de la hermana Juanita Petrik, una religiosa que dedicó su vida entera a hacer un poco más justa, un poco más digna la vida de la gente de la comunidad de Mariitas, en Somotillo (Chinandega) uno de los rincones más pobres de Nicaragua. Juanita era estadounidense, murió hace 6 años. Su corazón se paró un día sin avisar y ahora está enterrada aquí en Somotillo entre su gente, en su tierra. Cuenta don Carlos que la hermana Juanita con otros cinco padres se revelaban ante la idea de que los niños de Maniitas una vez acabado la primaria, no pudieran continuar estudiando. Don Carlos nos cuenta que propuso a Juanita que hiciera aquí una escuela. ¿Cómo iba a ser eso posible...?. Cuando fueron a plantearle a la alcaldía la idea,  el alcalde les contestó despreciativamente "ustedes quieren volar sin alas".
Esto lejos de frenarles les fortaleció. Empezaron sus clases bajo un árbol, 25 alumnos, unos maestros voluntarios y cinco padres decididos a cambiar las cosas. Y de esto el que escribe es testigo, en el año 98, la primera vez que visité Somotillo, esa fue la imagen que me quedó grabada en mi corazón.
Juanita y Don Carlos, personas geniales que son capaces de volar sin alas.
Nos cuenta como él, con la hermana Juanita y dos padres más se fueron a Managua para recorrer varias embajadas contando el proyecto, estuvieron en lade Japón y  España. Se volvieron vacíos pero en absoluto desanimados.
"La casa de Don Justo Eraso era grande y estaba vacía", nos dice don Carlos era un buen sitio para comenzar. Rosana del colegio Nazareth de Chinandega les dijo que les daría  para arrancar 25 sillas. Gracias a la reforma agraria se entregaba a las cooperativas una cierta extensión de terreno. Don Carlos en ese momento era el presidente de la cooperativa y planteó a la comunidad que se donara 2 manzanas para construir una escuela. Los cooperativistas no estaban todos por lo mismo y la primera respuesta fue un no. Don Carlos planteó que como a cada campesino se le iba a dar diez manzanas para su uso, que dos de las suyas se dedicaran escuela. Para un campesino la tierra es todo, y Don Carlos quiso poner parte de lo que tenía en pro de la educación de los chicos y chicas de la comunidad. 

Y como la generosidad no puede dejar indiferente a nadie, la cooperativa acabo cediendo tres manzanas en vez de las dos inicialmente solicitadas. El relato continua, toda la sala esta atónita escuchando a don Carlos, a mi espalda se oyen los cascos de un caballo pasar. Don Carlos nos dice " el IBRA está en mi corazón" y "cada año hay una nueva cosecha de estudiantes que salen con una nueva esperanza",sentencia Don Carlos para luego añadir: "Este proyecto sólo dejaré de apoyarlo cuando me muera".
La historia la completa una madre de familia: Emperatiz, nos habla de los primeros profesores voluntarios que estuvieron 2 años trabajando sin cobrar salario alguno. Y la historia continua con los paneles solares que instalaron la fundación de Ingenieros del ICAI para el desarrollo, que permitió traer luz al IBRA.
La historia de este centro, es la historia, de Juanita, de Don Carlos, de los padres y madres, de los maestros y de los alumnos, ellos intuían que juntos podrían hacerlo y todos dieron lo mejor de sí por el sueño de que este fuera un lugar de oportunidades; la unión de todas estas generosidades y voluntades les hizo posible volar sin alas.

(Ramón Almansa, IBRA-Somotillo 24 de octubre de 2014)

Este relato  me da pie a poder compartirles algunas reflexiones, sólo 5, de lo que quiere ser la Fundación de Ingenieros del ICAI para el desarrollo. Y quiero que sean reflexiones  enraizadas en esta historia.

1. Revivir la semilla inicial.  Don Carlos nos llevó  al origen de este centro;  que fue la rabia de no conformarse con la injusticia que supone  unos chicos sin escuela. En el año 1999 en el anterior Congreso de Ingenieros de ICAI, fue la misma la rabia por la injusticia la que llevo a nuestros compañeros a decir que la solidaridad debía ser algo consustancial a ser ingeniero de ICAI. Y como en un ingeniero es impensable que las ideas queden sin concreción se propusieron crear la Fundación. Y lo hicieron.
Les pido que recuperemos la mirada crítica ante un mundo herido por la injusticia y la desigualdad que nos dejemos interpelar y actuemos. Hoy en la fundación de Ingenieros del ICAI para el desarrollo tenemos ya un cauce.

 2. Juntos podrían hacerlo. Don Carlos, la hermana Juanita y todos los que han ido apareciendo  en el relato nos  enseñan que el reto era casi de locos, que este volar sin alas no se puede hacer si no es con otros. La fundación de Ingenieros del ICAI desde el primer momento  se planteó el tener impacto del  modo más eficiente (así son los ingenieros, siempre pensando en soluciones de impacto y eficientes,…) y la fundación optó muy certeramente por  hacer alianzas con otras organizaciones Ingeniería sin Fronteras (hoy ONGAWA),Energía sin Fronteras, Entreculturas,… juntos, en red claro que se puede volar sin alas.

3. Todos dieron lo mejor de si. Me impactómucho en su día ver maestros voluntarios que siendo ellos,  pobres entre los pobres daban clases a esos chicos bajo los árboles de modo completamente voluntario. Hoy la fundación de Ingenieros del ICAI tiene uno de sus pilares mássólidos en el voluntariado. Más de 170 ingenieros del ICAI se han unido a este retante proyecto de la Fundación. Contamos con 70 voluntarios y  con más de 100 socios. Sin duda es esto una expresión de eso que hemos venido a llamar el “Espíritu del ICAI”.Los voluntarios y  los socios son testimonio de esperanza en la construcción de un mundo más justo. Y nos preguntamos cómo poder unir más voluntades. En el IBRA nadie quedo indiferente.

Quisiéramos que en este Congreso  nadie quedara indiferente al  llamado de la solidaridad. 

4.  "Cada año hay una nueva cosecha de estudiantes que salen con una nueva esperanza" y de igual modo que para Don Carlos cada promoción de nuevos egresados son la esperanza de cambio para la Fundación de Ingenieros de ICAI cada año lanzamos nuevos proyectos que queremos sean signos de cambio. En la actualidad tenemos 12  proyectos activos  en los que nuestros socios y voluntarios  se implican con todas sus energías:  El Centro de tecnologías renovables en Kumbo (Camerún),  el proyecto de impulso a las cooperativas de Kusi Ayllu (Perú), El plan de mejora del saneamiento en escuelas comunitarias de fe y Alegría Haití,… son solo un ejemplo de este sueño. Para muchos de los proyectos ya  tenemos los equipos de voluntarios trabajando, pero todavía no tenemos la financiación para hacerlos realidad, ojala que ninguno  de estos proyectos se quede solo en proyecto. Ojala que todos se hagan realidad.

5.   Volar sin Alas. Que brutal debió ser para don Carlos y  la hermana Juanita oír a su  alcalde esta expresión;  que ajeno  estaba este político de que lejos de desanimarles les estaba dando  motivos para actuar con más decisión. En la fundación les tengo que reconocer que lo hemos pasado  mal, que la crisis nos ha golpeado fuerte y que en el patronato más de una vez nos hemos preguntado si podemos seguir volando sin alas. Pero creemos que debemos seguir adelante. Queremos que la Fundación Ingenieros de ICAI para el Desarrollo sea un  instrumento al servicio de los ingenieros del ICAI para tener un proyecto social compartido por todos.

Queremos dotar de utopía a nuestra vocación de ingenieros. La Fundación en su misión habla de luchar contra la pobreza utilizando la ingeniería como instrumento de desarrollo. Lo que hay detrás de esta formulación tan ambiciosa no es más ni menos que hacernos  caer en la cuenta que el fin último de la ingeniería ha de ser estar al servicio al bien común, al servicio de la construcción de sociedades más justas y con  un llamado muy especial hacia  los más necesitados.

¿Utopía? Si,  lo es! Pero fíjense que todas las ponencias de esta mesa están  teñidas de utopía y de ética. Y es que este  enfoque ético y utópico de nuestro que hacer es lo que nos debe distinguir como ingenieros del ICAI.


Esta capacidad de soñar es lo que nos hará volar, volar incluso sin alas.



Muchas gracias. 

Friday, November 13, 2015

2º en PampaCangallo

Amanece en Pampa, precioso!

Ayer estuvimos visitando Quispillaccta con las tejedoras, revisando cuentas y calidad de producción.

También encargamos un pedido a los talladores de alabastro, porta lapiceros.

Buenos días!

Nicolás de Santiago 

Thursday, November 5, 2015

OBJETIVOS DE DESARROLLO SOSTENIBLE: Camino a la dignidad

Con estas líneas pretendemos resumir y reflexionar sobre la ponencia de Julio Lumbreras sobre el acceso a la energía y los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) organizada por la Cátedra BP de Energía y Sostenibilidad de Comillas el pasado 5 de noviembre.

La energía gana protagonismo en los ODS respecto a los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM), la energía pasa de ser un medio para lograr otros objetivos a ser un objetivo en sí misma, que se formula en el ODS 7 de la siguiente forma: Asegurar el acceso a energías asequibles, fiables, sostenibles y modernas para todos.

En la formulación del ODS 7 se puede apreciar una de las principales diferencias de los ODS respecto a los ODM, mientras que los ODM eran metas muy concretas y cuantificables, en los ODS las metas están todavía por definir, tienen mayor complejidad y son más amplios http://www.un.org/sustainabledevelopment/es/objetivos-de-desarrollo-sostenible/.

De hecho, los ODS no son una continuación o una segunda parte de los ODM, sino que son radicalmente distintos. Ya no es sólo la lucha contra la pobreza lo que nos ocupa, sino el desarrollo, que pone a las personas y el planeta en el centro para ser sostenible y por tanto, y aquí otra de las principales novedades, nos afecta a todos los países. Ya no son unos objetivos para los países pobres, sino que todos los países, y todas las personas, participamos de estos retos, como actores principales, ya no sólo como financiadores, es una RESPONSABILIDAD COMPARTIDA. Los ODS abarcan todo, empleo, gestión de recursos, empleo, gobernanza. Son como dice el título (y Ban Ki-moon), el camino a la dignidad.

En el detalle del ODS 7 se manifiestan todas estas características. Fija como primer objetivo "garantizar el acceso universal a servicios de energía asequibles, confiables y modernos", es un reto complejo porque hay mucho que discutir y definir para llegar a un punto de acuerdo sobre que es " asequible, confiable y moderno", pero en definitiva estamos hablando de los 1.200 millones de personas que todavía no tienen acceso a la electricidad y de los 2.700 millones de personas que para cocinar tienen que recurrir a la madera o sus derivados. Hablamos de problemas como en el caso de las cocinas con implicaciones en salud, medio ambiente, economía y género. Absolutamente transversales.

El segundo sub-objetivo del ODS 7 es "aumentar sustancialmente el porcentaje de la energía renovable en el conjunto de fuentes de energía", en el que claramente también participamos los países más desarrollados, pero que también tiene muchas implicaciones en el acceso a la energía de los más pobres. Porque de esos 1.200 millones de personas sin luz, muchos están en África y en las zonas rurales, y para poder cambiar su situación, su alternativa en los próximos 20 años pasa por sistemas descentralizados, basados en las energías renovables.

El tercer objetivo, "duplicar la tasa mundial de mejora de la eficiencia energética", tiene implicaciones en todos los países. En las zonas aisladas y rurales y por tanto pobres, el coste de la energía es uno de los principales obstáculos a salvar. La eficiencia de los equipos puede suponer que la energía sea asequible económicamente, pues para los mismos usos se necesitará mucha menos energía. Es por tanto otro aspecto donde el antiguo "norte" y el antiguo "sur" convergen, siendo necesaria una cooperación bidireccional y en el que la tecnología tiene un papel determinante

Todo lo anterior, teniendo en cuenta que el suministro de energía, tiene que ser concebido como servicio, no como mera instalación de equipos y que por tanto el reto como llevamos tiempo observando en la Fundación Ingenieros de ICAI para el Desarrollo es la sostenibilidad de estos servicios que pasa indudablemente por procesos en los que se impliquen las comunidades locales.

¿Y para la Fundación ICAI qué supone? Supone que estamos en un cambio de paradigma donde ya no se habla de países pobres, sino de personas pobres, y por tanto nuestras líneas de trabajo de acceso a la energía, al agua, a las comunicaciones y apoyo a los emprendedores, deben plantearse dentro de estrategias coordinadas de desarrollo y asumiendo que nos encontramos en mundo que está dando lugar a nuevos modelos de producción y consumo. En definitiva un futuro esperanzado pues como decía Julio Lumbreras, los ODS nos preguntan a todos ¿qué mundo queremos? y está en nuestras manos que la respuesta sea un mundo más digno donde las personas están en el centro.

Desarrollo Sostenible